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12月19日 La princesa CasandraDe todos los trágicos destinos que la guerra de Troya deparó a héroes y heroínas tanto griegos como troyanos, no creo que ninguno se pueda comparar al que las Parcas reservaron a Casandra, la princesa dotada con el amargo don de la profecía. Hija de Príamo y Hécuba, reyes de Troya, la joven princesa cautivo con su belleza al mismísimo Apolo, quien, con el objeto de conseguir sus favores le otorgo las capacidades proféticas que el dios dominaba (Apolo era el señor de Delfos), Sin embargo, la pudorosa princesa no pudo, o no quiso, cumplir su parte del trato por lo que el dios, al no conseguir la virginidad de la princesa, vengativo y rencoroso, en vez de retirarle el don que le había concedido, le escupió en la boca. Su don quedo entonces convertido en una maldición: desde ese instante los certeros vaticinios de Casandra jamás serían creídos por nadie. Es por esto que sus premoniciones y advertencias fueron siempre desoídas, para su desgracia, por los troyanos. Si nos centramos en su más famosa profecía, esta fue cuando vio llegar a Paris con Helena como amante. Supo entonces que la ciudad tenia sus días contados: la mayor coalición de guerreros tenían por objeto recuperar a Helena, esposa de Menelao: Agamenón, Aquiles y Odiseo. Sin embargo, tras diez años de sangriento asedio por parte de los griegos, la ciudad aun permanecía inexpugnable. Entonces, Odisea hizo cambiar el rumbo de la guerra al maquinar el engaño del caballo de Troya. Ante las puertas de la ciudad y tras levantar el cerco, los griegos dejaron un caballo de madera inmenso, como ofrenda a la diosa Atenea. Parecía que desistían en su empeño y retornaban a su patria. Pero nada más lejos de la realidad pues en el interior del caballo hueco de madera un puñado de guerreros griegos aguardaban a que los incautos troyanos introdujeran la ofrenda en la ciudad para así franquear la entrada al resto del ejército griego. Casandra gritó en vano que era una emboscada, que la ciudad sería tomada aquella misma noche. Pero los troyanos introdujeron el caballo de madera en la ciudad y festejaron la que creían su victoria. << ¡Miserables! – gritaba Casandra.- ¡Ya caminamos bajo las tinieblas, pues a nuestro alrededor la ciudad se encuentra dominada por la sangre y el fuego, y por un triste hado! ¡Por todos sitios muestras los inmortales funestos prodigios, y nos encontramos a los pies de la muerte! ¡Insensatos; no tenéis idea de vuestro maldito destino!>> [Posthoméricas de Quinto de Esmirna]. Los griegos entraron a sangre y fuego en Troya e hicieron enfrentarse a cada troyano a su terrible destino. La propia Casandra, cuya maldición – y la de toda Troya – venía dada por negar su virginidad al dios perfecto Apolo, fue violada por Áyax Oileo mientras se encontraba abrazada a la estatua de Atenea en su templo. Pero los males de Casandra no acababan aquí. En el reparto del botín la princesa fue escogida por Agamenón, que sentía una violenta pasión por ella. Cuando Agamenón regreso a Grecia, la reina Clitemnestra y su amante Egisto habían tramado la muerte del rey Agamenón, esposo de aquella. Poseída por los celos, Clitemnestra también dará muerte a la nueva concubina de su marido. La desdichada profetisa lo ve claramente y así lo proclamó. << ¡Esta leona de dos pies [Clitemnestra] que se acuesta con un lobo [Egisto] en ausencia del altivo león [Agamenón], me va a asesinar! ¡Desgraciada de mí! ¡Como si preparara un veneno, en la vasija de su odio pondrá también lo que él debe por mí! ¡Mientras ella afila el cuchillo contra su marido, se jacta de que va a hacerle pagar con la muerte el haberme traído […] ¿Por qué he de gemir y sentir por mi compasión? Puesto que fui la primera en ver como acabó Troya, y en ver a quien la tomó llegar a su fin por decisión de los dioses, tomaré la iniciativa y entraré en la casa, teniendo el valor para morir.>> [Agamenón de Esquilo]. Así, poco antes de que su cadáver apareciera en escena junto al de su amo y tirano Agamenón, Casandra implora su último deseo en una plegaria: “Ante esta mi postrera luz del sol, suplico que los enemigos rindan cuentas frente a sus asesinos, mis vengadores también por mi muerte, la muerte de esta pobre esclava que fue fácil presa.” La tragedia de Casandra estriba en la impotencia que rodea su don divino que solo le añade dolor a su destino. Marginada y desdeñada por aquellos cuya suerte lloraba, se puede afirmar que Casandra es la heroína que en mayor medida padeció la ruina de Troya. |
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