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2月4日

***

Era tarde. Muy tarde. Sobre la barra una cerveza y un vaso de cristal. Era hora de cerrar casi. Ella bebía vodka. Con hielo.
Y hablaba. Le apasionaba hablar y más si el tema le interesaba. Él se limitaba a mirarla, entre trago y trago de cerveza.

Ella apartó uno de sus oscuros rizos de la cara y le miró.

- No me des cuerda. Empiezo a hablar y no sé callarme.

El meneó la cabeza y le sonrio pero de su boca no salio ni una palabra. Se quedo mirandola.

- ¿Qué? ¿Qué pasa?

- Te miro.

- Ya, ya lo veo - replicó ella.

- Lo siento. Es culpa tuya.

- ¿Mia?

- Sí. Tus ojos... me tienen encandilado.

Ella se rio suavemente.

- ¡Qué tontería!

- Es verdad. Me hablan.

- Deja de decir chorradas - le miró con reprobación.- Pareces un adolescente enamoradizo.

Él sonrio de nuevo.

- Me has hechizado, ¡bruja!

Esta vez fue ella quien no pudo reprimir la sonrisa.

- ¿Qué buscas? ¿Qué es lo que quieres de mi?

- No quiero nada de ti... - respondió ella visiblemente turbada.- Me diste conversación amena. Y yo me quedé hablando contigo. Nada más.

- Tus ojos no mienten. Tu sí.

- ¿Qué te dicen mis ojos?

- ¿Qué me dicen? - repitió él.- Te sientes sola. Al borde del abismo. Me tienes miedo.

Tras la última frase se quedó mirándola y esbozó una sonrisa.

- ¿Miedo? ¿A ti? - dijo con cierto tono burlón.- ¿Por qué iba a temerte?

- Pareces muy segura de ti misma pero no sabes nada de mi, no controlas la situación, y eso te asusta.

Ella frunció el ceño pero no dijo nada.

- Tu silencio confirma mis palabras, ¿no?

- Te equivocas. ¿Qué es lo que tu quieres de mi?

- Soledad compartida.

Sus miradas se cruzaron un instante.

- Yo no necesito compartir nada contigo... ni con nadie. - murmuró ella mirando el fondo de su vaso.

- Nadie es tan independiente.

- Yo sí. Yo soy una "nadie" a la que no le hace falta nada de ninguna persona. Y menos de alguien como tu.

- ¿Alguien como yo? - y alzó la ceja, extrañado.

- Me parece una arrogancia que te atrevas a creer que me interesas lo más mínimo. Y encima tienes la desfachatez de afirmarmelo, con semejante seguridad.

- ¿Me estas intentando decir algo?

- Sí. Que vuelves a equivocarte. Eres un estúpido si piensas que has despertado en mi algún tipo de interés.

Apuró el contenido del vaso y le pidió otro al camarero. Y él, de repente, estalló en carcajadas.

- ¿Se puede saber que te hace tanta gracia, imbecil? - le miró un pelín enfadada.

- Tu. Eres muy graciosa.

Ella frunció el ceño y se paso la lengua por los labios. Estaba empezando a enfadarse. Bebió un trago de su vaso.

- No sé que gracia puedo hacerte.

- Mira, niña orgullosa... - ella esbozó una mueca desagradable y el sonrio divertido.- Estás aquí, interpretando tu papel de tía dura y sin sentimientos. Como si fueras una persona muy fría.

- Soy como soy. No tengo nada que ocultar. ¿Como sabes que no soy como me ves?

- Lo sé porque... cuando hablabas, al principio, tus ojos tenían un brillo especial. Detrás de esa fachada hay una chica muy diferente a la que dejas ver.

Ella no dijo nada. Bebió otro trago de vodka.

- Intentas ocultar tu miedo, -prosiguió él.- eres un animal herido y te defiendes atacando.

- No tienes ni puta idea de lo que estás diciendo.

- Y tu no tienes ni idea de cuanto daño puede hacerte la soberbia con la que actuas.

- Ya te he dicho que soy como soy, yo soy como quiero. Y si es malo o peor para mi es , unica y exclusivamente, mi problema. - replicó poniendo cierto énfasis en las dos últimas palabras.

- Eso es totalmente cierto. Pero deberías hacerme caso.

- No veo ningún mótivo por el cual debería hacerte caso a ti.

Él sonrió de nuevo, divertido.

- Eres frustrante y desesperante.

- ¿Por qué? - ella alzó la mirada, desafiante.- ¿Por qué no has conseguido engatusarme con tus frases de guión? ¿Por qué no has logrado sonrojarme? ¿Por qué no has podido dejarme sin palabras? ¿Por qué acaso no soy la niña tonta que pensabas que era?

- No. -hizo una pausa y luego entrecerró los ojos.- Porque eres muy cabezona y no das tu brazo a torcer.

Ella se rio suavemente.

- Nunca lo hago.

Apuró el vodka y pagó al camarero.

- Bueno, señor filósofo de las elucubraciones baratas bañadas en alcohol... Doy esta conversación por finalizada.

- ¿Te vas? - preguntó mirándola.

- Claro, no voy a quedare aquí, contigo... Además, empiezas a aburrirme - respondió ella mientras se ponía la chaqueta.

- ¿Vas a dejarme aquí solo?

- Evidentemente, sí. Creo que se ve bastante claro.

- ¿Volverás a deleitarme con tu palabrería y cabezonería?

- Eres muy pesadito con las preguntas... ¿sabes? - le dijo ella desde la puerta.

- Ya, pero... ¿volveré a verte?

- Te aseguro que no.

Y desapareció por la puerta sin detenerse ni un instante, sin volver la mirada, sin decir adios...