Sashka's profileDonde habite el OlvidoPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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May 10 El poder de la Ira VILaura se despertó en una cama de hospital. - ¿Dónde estoy? El niño rubio le miraba sentado en una silla. -¿Y tú que haces aquí? Vete, enano. - resopló Laura. - Lo mataste. Y no sólo a él. Asesina. -¿Qué dices? - Lo mataste. Mataste al tío. - Qué tonterías estás diciendo... ¿Qué...? La puerta se abrió y entro un hombre que no conocía. Se sentó en la silla que estaba junto a la cama que estaba vacía desde el momento en el que se abrió la puerta. - Señórita, soy inspector de policía. Me alegro de que se haya restablecido. - El hombre parecía educado y le sonrió con amabilidad. - ¿Sabe lo que ha ocurrido? Laura negó con la cabeza. Su madre. Su tío. La tormenta. El balcón. No podía respirar. Esa angustía... Meneó la cabeza, como si sacudiera todos aquellos pensamientos. - Su tío ha muerto. Recibió una fuerte descarga eléctrica, según parece por la fuerte tormenta. Estaba en el balcón, y usted cerca de él. Debe dar gracias de seguir con vida. ¿Qué hacía en el balcón exctamente? - Acababa de llegar del bar, se encontraba mareado y alterado y salió al balcón a que le diera el aire. Yo estaba practicamente a su lado, acabando la cena. Laura se miraba las manos. No podía creerlo. El hombre se levantó. - Tengo entendio que no se llevaban muy bien. - dijo el inspector mirando la herida de la boca y las marcas de los dedos que llevaba en el cuello.- Bueno, esté tranquila, no ha sido culpa suya. ¡Ah! Lamento tener que decirle esto también. Su padre falleció ayer. - ¿Falleció? - Laura se quedo lívida. - ¿Qué... qué ocurrió? - No sé sabe. No fue un ataque, no estaba realmente enfermo. Simplemente, dejo de vivir. Su corazón dejó de latir sin motivo aparente alguno. La joven no sabía que decir. - Bueno, lo siento mucho, señorita. Espero que se recupere pronto. El hombre desapareció. Laura no fue capaz de llorar. El niño apareció a su lado. - Laura, fuiste tu. Lo mataste tu. Y a mi también. Tu odio me hizo morir. - Déjame en paz, maldita visión de los infiernos. Yo no hice nada. - Pero hija... - ¡No soy tu hija, porque tu no eres mi padre! ¡Mi padre está encerrado en un psiquiátrico! ¡¡Vete!! ¡Y no vuelvas nunca! El chiquillo desapareció como por arte de magia y las palabras retumbaron en su cabeza : "Mi padre está encerrado en psiquiátrico"... Mentira, su padre se había ido. La había vuelto a abandonar, esta vez definitivamente. Para siempre. Laura se acomodó en la cama y cerro los ojos. Era libre. Ahora, de golpe. ¿Qué iba a hacer? Se levantó y fue al baño. Se arrodilló y vomitó en el retrete. Se quedó ahí, en el suelo del baño sentada, llorando. ¿Ahora que iba a hacer? Su odio era inmenso. La habían abandonado del todo. Y esa soledad le daba mucho más miedo que las palizas de su tío. El poder de la Ira V<< Martes. Resgresaba de la escuela. Entró a casa.ç
- Mamá, ¡ya estoy aquí! - dijo mientras dejaba la mochia en el suelo de la entrada. Se quitó el abrigo. - ¿Mamá?
Se asomó una por una a las habitaciones hasta que se topó con una escena increible. En el baño. La banqueta de la cocina volcada. Y centrímetos por encima pendía el cuerpo de su madre. Muerta. Laura rompió a chillar sin moverse, sin poder apartar la visa de la escena hasta que un vecino, nunca supo quien, la sacó del baño. >> - Fuiste... tu... - logró apenas articular Laura con las manos de su tío alrededor de su traquea. - Sí. Tu madre tampoco sabía tenerme contento. Nunca me dio el dinero suficiente para pagarme la ronda y echar unas partidas. Aquel día, me enfado contestándome. Tuvo su merecido - y apretó un poco más el cuello de la joven. Laura comenzaba estar muy cansada. No podía respirar. Todo se nublaba. Un escalofrío la recorrió, como una descarga eléctrica y en el cielo un fulgor se vio. Comenzó a llover con fuerza. Laura seguía pugnando por soltarse y respirar pero su tío, impasible, seguía apretando. - Ca... bronazo... - atinó a balbucear Laura. Un rayo cayó sobre y se fue la luz del edificio y de la calle. Se quedó todo a oscuras. Laura apenas podía mantener los ojos abiertos, pero cada relampago que caía iluminaba la cara de su tío, ese rostro lleno de feliz satisfacción mientras el aire no llegaba a los pulmones de su sobrina. Llegó un punto en el que Laura no sabía si había vuelto la luz, o había muchos rayos... Unicamente distinguía la faz de su tío, sonriendo. En un instante, la expresión del hombre cambió a un rictus de sorpresa y dolor. Laura sintió un fuerte golpe en el pecho y empezó a toser mientras caía al suelo del balcón intentado aspirar todo el aire que pudiera. Laura se quedo tirada en el suelo, sin saber que había pasado exactamente. El poder de la ira IVEstaba decidida. Tenía que irse. No sabía como ni a dónde. Pero tenía que marcharse. Laura se arrastraba por las aceras, vagando sin rumbo, como un fantasma. Se marcharía lejos. Finalmente decidió regresar a casa. Tenía que limpiar y preparar la cena antes de que su tío regresara. Confiaba en que se entretuviera en el bar hasta tarde y llegara tan borracho que no se preocupara por nada excepto por conseguir llegar a la cama. Pero por si acaso dejaría todo listo y preparado. Así no tendría motivos para pegarle y si lo hacía, ella no tendría remordimientos para poder odiarle. En el portal se encontró con el vecino de arriba, que le dirigió una mirada hosca y musitó un saludo que ni siquiera llegaba a rozar los límites de la mera educación. Entró en casa. Se afanó limpiando cada habitación. Cuando terminó, se dirigió a la cocina y empezó a preparar algo para cenar. Por el balcón abierto de par en par entraba una suave brisa. Brisa de tormenta. De repente oyó abrirse la puerta y salió al pasillo para saludar a su tío. - Tío, la cena ya casi es... No pudo terminar la frase puesto que su tío, borracho, descamisado y tambaleandose, acababa de abofetearla haciéndola retroceder casi hasta el balcón. Laura se estremeció. Un cúmulo de nubes comenzaban a agruparse, el cielo comenzaba a oscurecerse. - ¡Jodida niñata! ¡No sirves siquiera para cocinar! - se acercó y volvió a golpearla en la cara- ¡¿Qué has hecho durante toda la tarde?! Laura, asustada y temerosa retrocedió hasta chocar con la barandilla del balcón. El cielo estaba completamente negro. Él se acerco y la cojió del cuello. - ¡Has estado perdiendo el tiempo, vagueando! ¡¡Eres más inutil que tu madre!! - le gritó mientras apretaba sus manos alrededor de su cuello más y más. Laura comenzaba a no poder respirar y agitaba los brazos intentando zafarse de su tío. - Tal vez debieras acabar como ella. ¡Igual a ti también tendría que ahorcarte, maldita zorra! Laura abrió los ojos. La escena volvió a su mente. El poder de la Ira IIILaura caminaba despacio. Cada tarde le costaba más arrastrarse hasta el psiquiátrico. Cada día le apetecía menos. Se paró ante la puerta del hospital mental. La empujó y entró saludando a la portera con un gesto de cabeza. La conocían de sobra. Subió las escaleras hasta el segundo piso y caminó por el pasillo flanqueadas las paredes con una treintena de puertas blancas. Sus pasos resonaban en el vacillo pasillo. Se paró ante una de las puertas y entró sin llamar. Nadie le iba a abrir la puerta. Nadie le iba a contestar si se molestaba en llamar. La oscura habitación estaba como siempre. La silla, al lado del a ventana, la persiana siempre bajada, y su padre tendido en aquella miserable cama, con la mirada fija en algun punto del techo. Se acercó a él. - Hola... papá. - Le costaba tanto pronunciar esa palabra. - Hoy también he venido a verte. Pero no podré quedarme mucho, tengo cosas que hacer en casa. Laura le cojió la mano. Él no dio muestras de entenderla u oirla. Tampoco se movió. Siguió en la misma postura en la que estaba. La misma postura que probablemente tendría todo el día ya que sólo cuando las enfermeras le atendían se movían. Él no. Parecía un cadáver. No sentía, no hablaba. Sólo vivía. - A ti también te odio. - murmuró apretándole la mano. - Me habeis dejado sola. Y tu ni siquiera has muerto. Únicamente te has limitado a dejar de exisitir. Cuando ella huyó tu esencia se fue con ella. ¿Por qué me habeis abandonado? Un pequeño y momentaneo temblor la invadió. La habitación pareció desdoblarse por un segundo y desaparecer. Laura soltó la mano de su padre que cayó interte, como si fuera el brazo de un títere que titiritero dejaba caer y se alejó de la cama. Sonrió sárdonicamente, al darse cuenta de que también odiaba las marionetas; desde niña. - Te odio. Te odio por haberme traido a este maldito mundo para luego marcharte con ella. Te odio. Se dio la vuelta y salió del habitación tan silenciosa como había entrado. Se marchó del psiquiátrico con una extraña sensación dentro. Al final se dio cuenta, de que a pesar de estar en mayo, estaba nevando. El poder de la ira II- ¿Te ha hecho daño? - una rubia cabecita infantil asomó por la puerta.
- No. Estoy bien, padre. - respondió Laura que estaba tumbada en su cama. - Lo siento. - No importa, no es tu culpa. - Si lo es... - Oh... ¡Cállate! Ahora no tengo ganas de discutir. El niño bajó la cabeza y se sentó en el suelo. Se quedo mirando a Laura. - ¿Dónde estabas? Cuando llegó y no te encontró se enfureció muchísimo. - Estaba por ahí. - Hmm... - resopló el chiquillo. - No sé si creerte. - ¡Pues no me creas, maldita visión estúpida! - dijo Laura, tanjante. - Me da igual lo que digas. No eres mi padre. Eres un producto de mi mente alterada porque me estoy volviendo loca. - Si me ves es porque quieres. - replicó el niño. Una fuerte ráfaga de viento abrió la ventana, haciendo que los pocos papeles que había sobre la mesa volaran por la habitación. - ¡Yo nunca quise empezar a verte! - la joven intentó tranquilizarse. - Fuiste tu el que apareció el mismo día en que los dos me abadonaron. La intensidad del viento, pareció disminuir durante un instante pero al momento otra ráfaga entro cerrando la puerta de la habitación de un portazo y desordenando la estancia por completo. - Así que ¡VETE! ¡¡NO QUIERO VERTE MÁS!! ¡DESAPARECE! - le gritó tirándole el libro que tenía sobre su mesilla. - ¡¡¡MARCHATE DE AQUÍ!!! El libro cayó exactamente donde segundos antes estaba la figura del niño, que se había desvanecido. Se levantó para recojer el libro y al hacerlo una fotografía se quedo a sus pies. En la imagen salía ella con sus padres, tirados en el sofá de casa. Habrían pasado un par de años, tal vez tres o cuatro. Igual un poco más. La sonrisa de su madre era tan perfecta. - Si... era todo tan perfecto... - murmuró. Laura rompió la foto y tiró los trozos por la ventana que una suave brisa se llevó flotando lejos de allí. El poder de la iraEstaba de pie. El pelo ondeaba al viento y su vista se perdía en el horizonte infinito.
- Te odio - susurró. - No sabes cuanto te odio por haberme dejado sola. Cerró los ojos. El cielo se oscurecía lentamente. Un trueno retumbó a lo lejos. Una vez dicho esto, exhaló un suspiro y se dio la vuelta dispuesta a regresar a casa. En un instante, comenzó a llover. Mientras se iba a abrir la puerta esta se abrió sola y el rostro de su tío aparecio enfurecido. - ¡¡¿Dónde has estado?!! Laura agacho la cabeza. - Había ido a comprar el pan... - al percatarse que llegaba con las manos vacías se mordió el labio inferior y anadió. - Pero ya estaba cerrada la tienda. - ¡Estúpida! - le gritó mientras le golpeaba en la cara haciéndole caer al suelo. Noto el sabor de la sangre y ella intento levantarse. - ¡Desgraciada! ¡Vengo cansado de trabajar para mantenerte a ti y a tu puñetero padre y ni siquiera te has molestado en tener preparada la comida! El hombre, al ver sus intenciones, le dio una patada. - ¡¡Levántate!! Y limpia la casa. Comeré en el bar. ¡Espero que la cena esté hecha cuando vuelva! - le gritó bajando las escaleras. Laura se quedo en el suelo, de rodillas y con las manos apoyadas en el suelo aguantando las lágrimas y se incorporo lentamente. Oyó el golpe del portal de su tío al irse y suspiro aliviada. Se llevó la mano a la comisura de los labios y vio sus dedos manchados de sangre. Entro al piso, silenciosa y sin cerrar siquiera la puerta del piso. Fue al baño y cojió un trozo de papel que presionó suavemente contra la zona en que sangraba la boca. Despues se enguajó la boca con un trago de agua y la escupió, teñia de rojo, al lavabo. - Si... a ti también te odio. Por maltratarme desde que llegué a esta casa. - dijo Laura mirándose al espejo. - Te odio, te odio.... De repente, el suelo comenzó a vibrar. - Te odio, te odio, te odio... - seguía susurrando ella. Todo se tambaleaba, y las estanterías de cristal del baño se cayeron al suelo haciendo ruido al romperse. - Te odio, te odio, te od... - ¿Laurita? Todo paró en un instante. La jovencita salió del baño al pasillo para ver quien entraba cuando se topó con Doña Carmen, la vecina. - Pero niña... ¿Estás bien? - le dijo acercándose. - Si Doña Carmen, no se preocupe. - respondió esbozando una sonrisa. - No deberías hacerle enfadar - aconsejó la mujer sin que llegara a sonar a reproche. - Lo sé. - ¿Vienes a casa a comer? - ofreció girándole la cabeza para observar el golpe que Larua llevaba en el labio. - No gracias, Doña Carmen, tengo cosas que hacer. - Bueno, hija, cualquier cosa que necesites, me dices. - dijo la mujer saliendo por la puerta. - Muchas gracias, Doña Carmen - musitó Laura mientras la cerraba. May 05 Nada másVuelve a parecerme tan lejano aquel día... pero tu siempre sigues aquí, ese sentimiento de calor en mi pecho y tu imagen en mi cabeza. No estuviste aquí para reñirme por comer con la camisa blanca ni por tirarme en el sofa con la ropa. Tampoco estuviste aquí para que yo pudiera abrazarte y que tu, sin querer, volcarás la tarta sobre el sofá. No estás (ni estarás) pero yo siempre te tengo presente porque aun me parece mentira que escapara tu vida mientras yo me dedicaba a desencriptar las profecias ocultas en la luna y las estrellas. No estás pero si para mi... en mi mente, siempre. |
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